Cabeza a pájaros
Agosto 21, 2007
+++ Supongo que sí, que para algunas cosas mi cabeza sigue estando llena de pájaros. Como entonces, cuando escribimos las viejas entradas de aquel blog secreto que los dos compartíamos, y que hoy han aparecido entre unas viejas copias de seguridad.
Como entonces, cuando me dijo que cada vez que escuchaba esa canción de Depeche Mode pensaba en mí. Que esa era nuestra canción para él, y que nunca podría escucharla sin pensar en mí.
Después tuvimos otras canciones, pero Depeche Mode, que nunca había sido un grupo muy significativo para mí, comenzó a serlo.
Es uno de mis recuerdos más bonitos. Porque, a pesar de ser muy práctica para algunas cosas, tengo la cabeza llena de pájaros. Y es muy bello que te digan que eres tan especial que una canción importante, un grupo importante para una persona, pasa a pertenecerte. Pasa a tener tu cara y tus manos y tu voz.
Gracias por eso, Imperator. Y por Crowded House. Y por Electra, aquel extraño y apasionante experimento. Gracias porque me sentí especial y única, no “la chica que ocupaba el hueco de tu interés” en ese momento. Gracias por hacerme sentir que Depeche Mode era yo, y por hacerme sentir que siempre lo sería.
El hijo de los duendes
Agosto 3, 2007
+++ (Cuando era pequeña, tenía un libro en el que aparecía este cuento. El libro se perdió, pero no su recuerdo. A veces pienso en los duendes y sonrío. A veces es una sonrisa alegre.)
Érase una vez un matrimonio de campesinos adinerados que vivían contentos, pues la fortuna les había sonreído con buena salud, abundantes cosechas y amables vecinos. Su felicidad fue completa el día en que tuvieron a su primer hijo, y entonces se consideraron las peronas más afortunadas del mundo.
Pero una noche, cuando el niño contaba apenas con dos años de edad, su madre escuchó un ruido en la habitación. Tuvo el presentimiento de que algo malo ocurría, y se levantó de la cama sobresaltada. Encendió una vela, se acercó a la cuna y comenzó a chillar.
En el lugar donde antes dormía un precioso niñito rubio de piel dorada, había ahora una repugnante criatura de piel verdosa, arrugado como un viejo, pelo grueso como el de un erizo y uñas largas como las de un topo.

Los vecinos acudieron al oír los gritos de los desconsolados padres. Una mujer muy anciana examinó al ser que reposaba en la cuna.
- A tu hijo se lo han llevado los duendes. A veces ocurre. Una madre duende con su hijo a la espalda se acerca a mirar, ve lo feo que es el suyo en comparación con el tuyo y… Bueno, te ha dejado a su cría. Mátalo, es lo mejor que puedes hacer.
El campesino, furioso, se dispuso a acabar con la cría de duende, pero su mujer se interpuso.
-¡No!-exclamó.- Es sólo un bebé. Cuidaré de él. Ojalá que quien tenga ahora a mi niño se compadezca de él y haga lo propio.
Y así lo hizo. En contra de las protestas de su airado marido, la campesina se obstinó en sacar adelante aquella criatura. pero no fue fácil. Por más que intentaba hacerle beber leche o comer papilla, el bebé duende no aceptaba nada.
- Sólo comen sabandijas y ratones-le dijo la vieja.- Déjalo morir de hambre, mujer, no te esfuerces por una criatura del demonio.
El bebé duende estaba cada día más flaco y débil, y la muerte se acercaba a él poco a poco. La campesina lo intentó, pero no fue capaz de dejarlo morir. Haciendo de tripas corazón, empezó a arrastrase por el suelo buscando escarabajos, babosas, ratones, toda clase de sabandijas asquerosas con las que alimentar al pequeño demonio. Y el duende las devoró con avidez en cuanto las tuvo delante, como si fueran caramelos. Y comenzó a ganar peso.
Pero seguía siendo feo como el demonio. El campesino enfermaba cada vez que lo veía y se acordaba de su hijito de cabello rubio y ojos azules, y se ponía furioso cuando veía a su mujer dedicarle tanto tiempo a aquel esperpento cuya raza le había arrebatado a su niño.
Se enfadaba y le gritaba, e incluso amenazó con pegarle, pero su mujer se interpuso y recibió los golpes en su lugar. El campesino, frustrado, no volvió a intentarlo, pero pasaba los días y las noches maldiciendo a la loca su mujer, a pesar de lo mucho que la amaba. La pobre campesina sentía que había perdido a su marido además de a su hijo, pero continuó alimentando y cuidando al hijo de los duendes como si fuera el suyo propio. “Tal vez alguien haga lo mismo por mi pobre niño allí donde esté”.
Un día, el campesino sorprendió a su mujer proponiéndole un paseo por el campo. “Como cuando éramos novios. Puedes traer al pequeño, así le da un poco el aire”. La campesina se puso muy contenta, envolvió al duende en una mantita y, con él en brazos, corrió a donde la esperaba su marido. El campesino tomó el sendero que llevaba hacia la parte alta de las montañas. Era un día soleado y caluroso, y la mujer jadeaba cada vez más.
- Yo llevaré al niño.- le dijo su marido.-No quiero que te canses.
Apenas habían andado unos pasos, cuando el campesino fingió tropezar y arrojó al duende por el acantilado. Pero cuando se puso en pie, satisfecho, vio a su esposa magullada y arañada por las zarzas a las que se estaba sujetando, pero con el bebé sano y salvo en su mano. Enfurecido, el hombre dio media vuelta y no volvió a dirigirle la pelabraa su mujer en varios meses.
El tiempo pasó, el niño duende fue creciendo. Cada día era más feo. La campesina sentía crecer la tristeza en su corazón, pero no permitía que nadie le hiciese daño. Los vecinos murmuraban que se había vuelto loca, que era una bruja, que no tenía remedio. Su marido, que aun la quería, no era capaz de dirigirle una palabra de cariño mientras siguiera acunando esa cosa en su regazo…
Una tarde, la mujer tuvo que salir al pueblo, y dejó al pequeño en casa. Cuando regresó, vio una columna de humo recortarse en el cielo. Su cabaña ardía por los cuatro costados, la gente rodeaba la escena sin hacer nada.
-¡El niño! ¿Dónde está el niño?
Sin que su marido pudiese detenerla, se abalanzó hacia las llamas y penetró en la casa. Cuando salió, su pelo había ardido y sus manos estaban quemadas, pero el niño duende estaba sano y salvo en sus brazos.
-¡No lo aguanto más!-gritó su marido.- ¡Pensé que entrarías en razón, pero tú no piensas más que en esa criatura del diablo! ¡Quédate con él y que te aproveche!
Y dejando a su mujer hecha un mar de lágrimas, emprendió el camino que lo alejaría para siempre de su hogar.
Cuando llevaba un buen rato caminando, vio venir hacia él un muchacho rubio, de unos siete años.
-¡Oh, tu tendrías la edad de mi hijo si no lo hubieran raptado los duendes!.- se lamentó
-Soy tu hijo.- contestó el muchacho. -Pero no estoy vivo gracias a ti, sino a la compasión de mi madre.
La hembra de duende que me llevó de vuestro lado nunca dejó de vigilar cómo tratabais a su hijo, y se comportó conmigo en consecuencia. Casi muero de hambre al principio, pues no me daban más para comer que babosas y sanguijuelas, pero cuando mi madre alimentó al bebé duende, me consiguieron pan y leche. Cuando tú arrojaste al bebé duende por el precipicio, la hembra duende me tenía suspendido sobre el vacío, esperando a que su bebé cayera para soltarme a mí también. Pero mi madre arriesgó su vida para salvar la de la cría de los duendes, y salvó la mía también.
-¿Y por qué tienes el pelo chamuscado…?- empezó apreguntar el campesino. Pero antes de terminar de hablar ya sabía la respuesta.
-Mientras tú terminabas de preparar el incendio de tu casa, los duendes acumilaron leña para una hoguera. Cuando el incendio comenzó, la prendieron y me arrojaron dentro. Pero mi madre entro a buscar al duendecito antes de que sufiera daño, y así salvó mi vida también.
El campesino no esperó a oír más. Cogió al niño en brazos y echó a correr hacia su casa. Cuando llegó allí, su mujer aun lloraba por haberlo perdido todo. El campesino se arrojó a a sus pies pidiéndole persón, y el niño abrazó a su madre, que no dejaba de dar gracias al cielo por devolverle a su hijo perdido.
En cuanto al niño duende… desapareció. Seguramente volvió con los suyos. Con los duendes, y su extraño sentido de la justicia.
Encaja como puedas
Agosto 1, 2007
+++ Con calzador, si es necesario.
Cuando se produce un fenómeno, y este es observado, averiguamos varias cosas. No sólo sobre el fenómeno en sí.
Por ejemplo, averiguamos en qué cree el observador y en qué no. Ilustraré esto con un par de ejemplos.
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Caso número 1.
Imaginad que me presentan una medium. Esta mujer me asegura que los espíritus tienen un mensaje muy importante para mí, y que es de vital importancia que me sea transmitido.
- El espíritu de tu bisabuela me ha hablado, y quiere que sepas que…
A lo que yo respondo:
- Se me ocurren dos razones para que digas eso. Una, estás loca. Dos, eres una mentirosa.
Si unos años después le cuento esta anécdota a un amigo, y le dejo claro que no hay más opciones que la locura o la mentira para la espiritista, mi amigo puede extraer varias conclusiones.
Y una de ellas será que yo no creo que sea posible la comunicación con los espíritus. Porque no le doy la mínima oportunidad de que sea cierto.
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Caso número dos.
Un joven de 20 años aparece en la cena de su familia, católica practicante, y les dice:
- “Ayer fui a rezar a la iglesia porque estaba confuso. Ante mí apareció un halo de luz blanca, y la voz de Dios me habló y me dijo lo que debía hacer, palabra por palabra. La voz más hermosa que he escuchado nunca…”
Inmediatemente, meten al muchacho en una ambulancia y se lo llevan al médico. A lo mejor después se lo llevan a ver al cura, pero lo primero es lo primero…
Y así sabemos la fe que tiene realmente esa familia en el poder de la oración para comunicarse con Dios. Consideran las probabilidades de que ese poder sea real bastante más bajas que las de padecer esquizofrenia.
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Hace poco he conocido la auténtica importancia que tres personas cercanas le conceden al amor y la amistad. Dos de ellas no pensaron que fuera posible pasarlo realmente mal por perder la amistad de alguien, y sólo admitieron otras motivaciones relacionadas con los celos o el sexo. La tercera piensa de forma distinta.
Lo fundamental aquí no es si las dos primeras tienen o no una opinión equivocada. Errores se cometen a diario, y no tienen por qué influir de manera significativa en nuestra vida. La verdad de un acontecimiento está sujeta a discusión y a diferentes opiniones. Lo que llama la atención es lo que su argumentación revela acerca de ellos mismos
Esas personas viven en un mundo donde no cabe la posibilidad de amar tanto a alguien, de valorar tanto su amistad, que realmente te duela perderla. Que te duela pensar que ha podido ser mentira.
Quizás su mundo sea lugar vacío y estéril donde las relaciones han de estar basadas en la posesión y el orgullo, en el intercambio de bienes y servicios, en las obligaciones, los sacrificios y la dependencia. O quizás piensan que es posible un mundo mejor donde los afectos son básicos y profundos, pero no está a su alcance. Como los milagros, solo pueden ser reales si no suceden cerca…
Por otra parte, es posible que la tercera persona esté en lo cierto al pensar como piensa acerca de lo ocurrido, es posible que no. No se trata de eso. Se trata de qué posibilidades es capaz de contemplar.
Si alguna vez me dice “yo soy tu amigo”, sabré que realmente le confiere valor a esas palabras. Que para él la amistad es lo bastante importante como para no necesitar más razones para llorar su pérdida.
Me alegro de que mi mundo sea también el suyo
Apoyo
Julio 31, 2007
+++ Algunas de las mejores caras de la convivencia son difícilmente definibles. No porque lo sean por sí mismas, sino debido a que forman una parte tan esencial de la amistad, de las relaciones personales, que las damos por hechas.
Ayer me preguntaron: ¿Qué es el apoyo para ti?
Y no supe dar una respuesta inmediata, porque no es algo que nunca me haya planteado definir. Sé sin embargo cuándo me siento apoyada y cuando no. Pero eso no es bastante. Así que, reflexionando sobre esas sensaciones, he extraído algunas pistas:
- Me siento apoyada cuando lo que me sucede es trascendente. Si me apoyas y un suceso o proyecto es importante para mí, también lo es para ti. Si lo que me ocurre es algo bueno, mejora el día de la persona que me apoya. Y viceversa.
- Me siento apoyada cuando el comportamiento de terceros hacia mí no pasa desapercibido, y tampoco mi forma de actuar con ellos. Si surge un conflicto importante para mí, y es de esa clase en que no todo el mundo pueda tener razón, quien me apoya se implica. A veces para darme la razón. A veces para quitármela. Se arriesga, no se encoje de hombros y dice “el fútbol es así”.
Si alguien se ha portado bien conmigo, gana puntos. Si yo me he portado bien con alguien, gano puntos. Y también lo contrario. Porque, volvemos a lo mismo, lo que me ocurre y lo que yo hago no le deja indiferente.
- Me siento apoyada cuando percibo interés en conocerme. También cuando hay interés en que yo conozca. Porque lo que pienso y lo que siento también es importante, por ausencia o por presencia.
- Me siento apoyada cuando se me da la confianza de poder tener una mala racha. De poder tener un mal momento. Hay pocas personas con las que me permita ser vulnerable o mostrar debilidad, y esa es una gran prueba de fe en ellos. Con los años, te das cuenta lógicamente de quién ha guardado eso como una muestra de cercanía y quién lo hace para pasar factura o emplearlo como una bala en la recámara. No importa. Sigue siendo un regalo de mi parte a quienes habéis estado allí. Los pequeños desperfectos producidos por las apuestas fallidas no pueden oscurecer la luz que emiten los aciertos.
Y no solo son más los segundos que los primeros. Es que el que haya pinchazos también tiene repercusiones positivas en mi vida, pues las crisis ayudan a fortalecer lo que debe ser fortalecido, y a pasar de lo demás.
- Me siento apoyada cuando caminas a mi lado el día que resplandezco como el sol, pero también el día que soy oscura como un eclipse. Cuando me quieres y tienes fe en que saldré de esta, y no olvidas quien soy y quién he sido mientras duró el buen tiempo. Y puedo mirarte mientras comemos, o mientras paseamos, y recordar quien soy en tu mirada.
- Me siento apoyada cuando buscas qué puedes hacer para ayudar a que la cuesta arriba sea un poco menos cuesta arriba. No es ni siquiera necesario que sea un gran gesto: una bolsa con dos sandwiches, ofrecerse para hacer unas gestiones en la DGT, eso es más que de sobra. Eso es una forma de decirme “sigue saltando del trapecio, nena, porque trabajas con red”. Y es precisamente cuando sabes que hay red, cuando sabes que podrías caer y habría brazos para recogerte, cuando nunca te caes al saltar.
- Me siento apoyada cuando buscas qué puedo necesitar yo, en lugar de conformarte con darme lo que te sobra a ti.
Las palabras que quizás resumirían esto son trascendencia, importancia, lealtad. Pero no era cosa de resumir, sino de concretar. En mi día a día busco las pequeñas acciones que se esconden tras las grandes palabras.
Cuanto más cerca está una persona, más apoyada quiero sentirme, y viceversa. Si siento que lo que hago tiene relevancia para alguien cercano, se acerca aún más.
Estas son algunas de mis ideas sobre el apoyo. Como lo recibo, procuro darlo a aquellos que me importan. Al menos hasta que entiendo que la clase de apoyo que yo doy no es entendido como tal, y entonces quizás cambie a una forma de actuar menos significativa para mí, pero más significativa para el otro.
Aunque, francamente, cada vez paso más de sucedáneos
Gracias por el lado malo, también.
Julio 28, 2007
+++ A veces, el darle la vuelta al objeto que sostienes entre las manos te permite darte cuenta de lo que es.

A veces maldices al perro que se comió tus billetes de avión, para después enterarte por la prensa de que la intensidad del aterrizaje se midió en número de fallecidos. Y sin embargo, te sientes desgraciado, cuando precisamente ese es el día (y ese es el perro, sea cual sea su carácter) en que la fortuna ha llamado a tu puerta.
Por feo que fuera, ese perro ha sido tu buena suerte. Gracias también por ello.
Obsesionada.
Julio 27, 2007
+++ El médico pregunta “¿Dónde le duele? ” y tú contestas “Las encías, doctor, son las encías”. Y, como no dejan de dolerte, es lo que cuentas cada vez que te lo pregunta.
+++ “Estás obsesionada, y no soy el único que lo piensa. Xxxxxxxx también.”
Cuando te hacen una pregunta y la respondes, y obtienes otra vez un informe de obsesión, entonces está claro lo que tienes que hacer ![]()
El Gradiente Educativo
Julio 26, 2007
+++ O como viajar en el tiempo desde el siglo XXI hasta el XVII en sólo 16 años, utilizando como vehículo el sistema escolar.
El Pagafantas o “por qué esto a las chicas no nos pasa”
Julio 21, 2007
+++ Porque a estas alturas, no esperamos lo mismo de un hombre que de una mujer. Y no me refiero a la menstruación.
Vacaciones
Julio 20, 2007
+++ El verano ha traído consigo la esperada decelaración de mi ritmo de trabajo. Flecos por cortar siempre quedan pendientes, pero no urgen. El resto de las facetas de mi vida siguen siendo un poco estresantes, pero eso se debe a que aun no he dado con la clave para organizarme bien. En ello estoy.
Lo que más me apetecía era quedarme en Madrid , sazonando un verano suave y relativamente fresco con un par de escapadas a otros lugares. Y esto es lo que he hecho hasta ahora.
+++ Granada. Imperator y yo bajamos unos días a su patria chica, como cada verano. Yo no había pasado por allí desde Navidades, así que tenía bastantes ganas de volver a ver lugares y personas. El DVD portátil, una vez más, la clave para hacer más agradable el viaje en autobús.
Es curioso. Este es el viaje a Granada en el que Imperator y yo hemos pasado más tiempo cada uno por nuestro lado. Muchas personas con las que hablar, muchos amigos a los que ver…. Y sin embargo creo que es la estancia en Granada en la que tengo una mejor sensación de haber compartido buenas experiencias con él. Paseamos por la Alhambra (una vieja demanda mía, pues no la habíamos visitado nunca como pareja), conocí el Parque Federico García Lorca (no sólo hermosa, sino inteligentemente diseñado), compramos ropa (me aburre comprar ropa en cualquier localización, pero en Granada es mucho más barata que en Madrid), tomamos tapas, conversamos…
Ha sido un viaje muy instructivo para mí en muchos aspectos, y he disfrutado conociendo los matices de la hospitalidad local. A veces te hace falta que pase el tiempo y aparezcan las situaciones de crisis para saber qué lugar ocupas en el corazón de las personas que se han alojado en tu casa, con las que has compartido el desayuno y que han dormido en tu sofá-cama. Este viaje, sin duda, ha dado un mayor significado a acontecimientos pasados, y estoy segura de que también se lo dará a los futuros.
Imperator y yo volveremos a Granada en unos días. Queremos ir al Museo de la Ciencia (lo visitamos el año pasado, pero merece la pena repetir) y bajar a bucear a La Herradura. Será la primera vez que vayamos los dos solos a hacer burbujas, y me apetece mucho.
El mayor inconveniente es no tener coche para desplazarnos. Por una parte, el viaje en autobús es más cómodo que si hay que conducir, pero también hace que bajar al mar sea algo mucho más tedioso. Los autobuses de línea suelen parar en todos los pueblos de la línea, originales ellos, así que el trayecto ocupa dos horas. Bueno, ya haremos planes más concretos.
También habrá que pensar en algo especial para el cumpleaños de Imperator, que cae en esos días. Pero estoy segura de que se nos ocurrirá algo. En uno de los locales donde paramos encontré una guía de programación de eventos en locales de la ciudad la mar de maja. La pena es que la página web asociada no funciona aún, pero espero que lo haga pronto.
+++ Málaga. Unos días más tarde, mientras Imperator disfrutaba de sus vacaciones ideales en Barcelona, Athair y yo nos dimos una escapadita a Málaga en busca casi, casi del modelo contrario de diversión.
Y es que adoro a mis amigos y conocidos, pero lo que necesitaban mis sesos era la encantadora sensación de despertarte cada mañana sabiendo que no tienes más compromiso que hacer lo que te venga en gana cada momento. Y que eso puede ser perfectamente dejarte rodar hasta el césped y charlar o leer o dormir un poco más. Esa clase de plan en solitario es estupendo. Si lo compartes con una persona maravillosa, mucho mejor.
Durante cinco días tomamos el sol, nos bañamos en la piscina y en la playa, paseamos, cocinamos (existen más tipos de curry de los que probamos, pero no teníamos días suficientes), comimos (demasiada comida, compramos demasiada comida), vimos películas (programa especial “Vivan los 80: de Hechizo de Luna a Calles de Fuego“) en la tele (insisto en que el DVD portátil es el invento del siglo) y series (Dresden Files, muy entretenida), tuvimos laaaargas conversaciones, hicimos mil cosas más… y nos comportamos como misántropos totales, huyendo de todo contacto social superior a decir “me ponga dos Magnum dobles”.
Y menos mal que no íbamos con el propósito de hacer amistades, porque al propio Cifra le hubiera dado problemas. La panoplia de idiomas y pieles rojas que cabe esperar en la costa malagueña…
Las vacaciones que necesitaba para descansar de las vacaciones que necesitaba para descansar, en resumen. Y me han sentado increíblemente bien.
+++ Ya de vuelta en Madrid, me esperaba algo de trabajo pendiente. Una tarea inacabada a la que había dedicado horas y horas antes de marcharme, con escaso éxito. En sólo un día le di un par de vueltas y…¡voilá! Una programación de curso tan buena que me han sugerido la publicación. Lo que hace tener las meninges hidratadas…
Y charlar más, poder dedicarle un poquito de tiempo a personas a las que echo de menos, tener amigos de visita (¡mil gracias, Almuric y Bactering, a ver cuándo repetís!) tener días malos, tener días buenos, ver como mi programación para estos meses salta por la ventana… y otra vez no parar quieta.
Necesito vacaciones
El Celuloide Oculto
Julio 20, 2007
+++ Este largometraje documental se estrenó en 1995 en la Bienal de Venecia. Supongo que las primeras referencias de su existencia me llegaron con ocasión del festival de cine, pero nunca había tenido la oportunidad de echarle la vista encima hasta este año.
Una vez más, lo que la distribución en España no da (no está disponible para nuestra zona de DVD), Emule lo ofrece. Conseguí bajar la película hace un par de meses, y desde entonces la he visto varias veces.
El Celuloide Oculto (The Celluloid Closet-1995) recorre la historia del cine desde sus inicios analizando el tratamiento que ha recibido la homosexualidad en las pantallas. Se acompaña de testimonios de actores y actrices que han interpretado a personajes homosexuales (como Tom Hanks o Whoopy Goldberg), guionistas y directores de diversas épocas y orientaciones.
Por supuesto, el Código Hays tiene su capítulo reservado, así como la Liga de la Decencia y otros intentos de censura. Lo más interesante, sin embargo, no es para mí cómo se realizaron intentos de impedir la simple mención de la homosexualidad en pantalla.
Ni siquiera las divertidas y a menudo exitosas maniobras para saltarse el código mediante rodeos sutiles (a veces con éxito, a veces sin él, como ocurrió con el famoso diálogo entre Tony Curtis y Lawrence Olivier acerca de ostras y caracoles en “Espartaco”).
Lo más interesante es el “hambre” con el que gays y lesbianas, hoy guionistas y directores, declaran haber devorado cualquier mención a su condición sexual en pantalla. Cualquier referencia lateral de una posible “sexualidad alternativa” en un personaje de reparto provocaba aluviones de llamadas entre la comunidad gay, “no te lo pierdas…”.
La necesidad de visibilidad hace que muchos de ellos prefirieran una alusión cinematográfica negativa que presente a los homosexuales como “locas”, “depravados”, “enfermos”, “mariquitas” antes que ninguna en absoluto. Aquello tenía su coste, por supuesto. Durante mucho tiempo, las únicas apariciones toleradas de travestidos, gays y lesbianas eran en forma de personajes criminales que eran abatidos a tiros, o dolientes y tristes almas suicidas que, incapaces de tolerar su deformidad, ponían fin a su propia vida al final de la película.
“Yo pensaba que mi destino era ser perpetuamente infeliz, porque eso era lo que veía en el cine, y no había ningún otro sitio de donde obtener una referencia”. Frases como estas ilustran el impacto que sobre nosotros tiene la narrativa televisiva, literaria o en la gran pantalla.
Mi favorita, sin embargo, es esta: “El cine nos enseña qué es un hombre y qué es una mujer”.
Y ay de ti como no te ajustes bien al modelo, porque no sólo otros tendrán problemas para reconocerte como tal, sino que puede que ni siquiera tú lo hagas. El Celuloide Oculto es una buena película para recordar lo difícil que es ser gay.
Pero es también una buena película para recordar lo difícl que es pertenecer a cualquier minoría. Lo difícil que es a veces escapar de los modelos culturales impuestos.
Y también lo difícil que es enterarse de las cosas cuando uno es Charlton Heston. En uno de los momentos más glorioso de la película, Gore Vidal habla del rodaje de Ben-Hur.
William Wyler, el director, y Gore Vidal, guionista, andaban dándole vueltas a cómo meter más contenido en Ben-Hur. Tres horas de rodaje sobre la única base de un judío muy cabreado con un romano no parecía sostenerse bien.
Gore Vidal sugirió:
“I said well, look, let me try something. Let’s say that these two guys, when they were 15 or 16 when they last saw each other, they had been lovers and now they’re meeting again and the Roman wants to start it up. Masala, played by Stephen Boyd, wants to start it up with Ben Hur, played by Charlton Heston, heaven knows why but he does.”
(”Yo dije. bien, mira, déjame intentar algo. Digamos que estos dos tipos, que tenían 15 o 16 años cuando se vieron por última vez, habían sido amantes, y ahora que se vuelven a ver el romano quiere empezar con ello otra vez. Masala, interpretado por Stephen Boyd, quiere volver a empezar con Ben-Hur, interpretado por Charlton Heston, sabe el cielo por qué, pero eso es lo que quiere”)
William Wyler refunfuñó: “Pero no puede ser, esta película lleva el subtítulo de Una historia sobre Cristo… En fin , es lo mejor que tenemos hasta ahora. Habla con Stephen Boyd (Masala) y cuéntale el tema… pero no le digáis nada a Chuck (Charlton Heston). Él no podría con esto…”
Como consecuencia, así se rodó la película. Con todo el equipo conociendo de qué iba el tema, Masala comiéndose con los ojos a Ben-Hur, y Charlton Heston en el guindo, criaturica…
La película tiene un buen abanico de historias tan interesantes (aunque no tan divertidas) acerca de cómo se ha trabajado en Hollywood este tema (con alguna mención de pasada al cine británico). Merece la pena verlo para recordar lo cerca que estamos aun de los tiempos en que no podía ni pronunciarse la palabra “homosexual” en la pantalla. Merece la pena para entender mejor que acabamos de llegar a las puertas de una cultura más abierta, donde quepan todos los modos de vida compatibles con los Derechos Humanos.
Y que, por mucho troglodita que quede por ahí (la mayoría residiendo como inquilinos secretos en nuestros propios cerebros) el “vive y deja vivir” se abre paso.