+++ Esta es Britney Spears, con un pedo como una venta, en la entrega de no se qué vainas de premios de la MTV:

Esta es Amy Winehouse, con un pedo como una venta una planta más alta, en una actuación en la tele.

Dos mozas que no llegan a los 30, borrachas en escena.

La diferencia es que Britney no puede hacer bien lo que se suponía que debía hacer, que era bailar divinamente de la muerte mientras movía los labios al compás de la música enlatada. Ojo, que no deja de ser una ejecución admirable para unas neuronas bebidas, pero el mérito del “a pesar” no hace que sea menos prescindible.

No, no me voy a meter con Britney. Voy a dejarla en paz, Chris Croker, don’t worry.

Amy, sin embargo, canta como dios. Borracha, con las pupilas más grandes que su moño, canta como dios.

Con las tripas, con las entrañas, con el culo y con el estómago. Cuando yo bebo, mi ejecución técnica es peor, pero mi interpretación es mejor, o eso creo yo (a lo mejor tengo un montón de gente aterrorizada en la habitación de al lado, pero eso es difícil saberlo, en este bendito paraíso de la boca cerrada).

Pero claro, nada que ver con esta mujer (qué más quisiera yo) , que hace MÚSICA.  Lo que es la música para mí. Lo que hace que el soul se llame soul. La prueba que los teólogos no aceptarían de la existencia del alma, y tal vez la única que yo podría llegar a creer.

No sé cuánto nos durará Amy. Creo que tiene un problema con las drogas y el alcohol. No me da la sensación de que controle exactamente cuándo las toma porque quiere y cuando las toma porque las necesita. Tal vez mañana abra el periódico y me lleve un disgusto. Porque sí, me voy a disgustar si le pasa algo.

No me gusta nada el rollo de los malotes de diseño, que transmiten rebeldía ante la autoridad mientras muestran con ostentación prendas que llevan bien visible el logo de grandes multinacionales. Pero Amy está ahí, con su peluca enorme, su nariz a lo Barbra Streisand y sus vestidos años 60. Sin logo. No logo. ¿ Quién va a quere asociar su imagen de marca a una tía que no parece capaz de hacernos comprar más que discos y bourbon?

Quizás me fascina porque parece que se la pela toda la enorme maquinaria en la que está metida. Quizás me fascina por simpatía hacia mi propia tendencia autodestructiva (que no alimento, y que mantengo sujeta gracias a esa cualidad cerebral de la que me aconsejan deshacerme). Quizás solo porque me gustan las mezzo-soprano mucho más que las voces agudas (salvo la de mi adorada Cyndi Lauper, quien también me dio siempre la sensación de hacer lo que se le ponía en las narices).

Quizás me fascina por lo mismo que me atrae de los vídeos de youtube en los que aparece el vecino de al lado cantando el Numa Numa, o en el instituto jugando con el sable láser.

Parece tan tangible…

Emblogado aquí.

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