Encaja como puedas
Agosto 1, 2007
+++ Con calzador, si es necesario.
Cuando se produce un fenómeno, y este es observado, averiguamos varias cosas. No sólo sobre el fenómeno en sí.
Por ejemplo, averiguamos en qué cree el observador y en qué no. Ilustraré esto con un par de ejemplos.
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Caso número 1.
Imaginad que me presentan una medium. Esta mujer me asegura que los espíritus tienen un mensaje muy importante para mí, y que es de vital importancia que me sea transmitido.
- El espíritu de tu bisabuela me ha hablado, y quiere que sepas que…
A lo que yo respondo:
- Se me ocurren dos razones para que digas eso. Una, estás loca. Dos, eres una mentirosa.
Si unos años después le cuento esta anécdota a un amigo, y le dejo claro que no hay más opciones que la locura o la mentira para la espiritista, mi amigo puede extraer varias conclusiones.
Y una de ellas será que yo no creo que sea posible la comunicación con los espíritus. Porque no le doy la mínima oportunidad de que sea cierto.
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Caso número dos.
Un joven de 20 años aparece en la cena de su familia, católica practicante, y les dice:
- “Ayer fui a rezar a la iglesia porque estaba confuso. Ante mí apareció un halo de luz blanca, y la voz de Dios me habló y me dijo lo que debía hacer, palabra por palabra. La voz más hermosa que he escuchado nunca…”
Inmediatemente, meten al muchacho en una ambulancia y se lo llevan al médico. A lo mejor después se lo llevan a ver al cura, pero lo primero es lo primero…
Y así sabemos la fe que tiene realmente esa familia en el poder de la oración para comunicarse con Dios. Consideran las probabilidades de que ese poder sea real bastante más bajas que las de padecer esquizofrenia.
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Hace poco he conocido la auténtica importancia que tres personas cercanas le conceden al amor y la amistad. Dos de ellas no pensaron que fuera posible pasarlo realmente mal por perder la amistad de alguien, y sólo admitieron otras motivaciones relacionadas con los celos o el sexo. La tercera piensa de forma distinta.
Lo fundamental aquí no es si las dos primeras tienen o no una opinión equivocada. Errores se cometen a diario, y no tienen por qué influir de manera significativa en nuestra vida. La verdad de un acontecimiento está sujeta a discusión y a diferentes opiniones. Lo que llama la atención es lo que su argumentación revela acerca de ellos mismos
Esas personas viven en un mundo donde no cabe la posibilidad de amar tanto a alguien, de valorar tanto su amistad, que realmente te duela perderla. Que te duela pensar que ha podido ser mentira.
Quizás su mundo sea lugar vacío y estéril donde las relaciones han de estar basadas en la posesión y el orgullo, en el intercambio de bienes y servicios, en las obligaciones, los sacrificios y la dependencia. O quizás piensan que es posible un mundo mejor donde los afectos son básicos y profundos, pero no está a su alcance. Como los milagros, solo pueden ser reales si no suceden cerca…
Por otra parte, es posible que la tercera persona esté en lo cierto al pensar como piensa acerca de lo ocurrido, es posible que no. No se trata de eso. Se trata de qué posibilidades es capaz de contemplar.
Si alguna vez me dice “yo soy tu amigo”, sabré que realmente le confiere valor a esas palabras. Que para él la amistad es lo bastante importante como para no necesitar más razones para llorar su pérdida.
Me alegro de que mi mundo sea también el suyo