Apoyo
Julio 31, 2007
+++ Algunas de las mejores caras de la convivencia son difícilmente definibles. No porque lo sean por sí mismas, sino debido a que forman una parte tan esencial de la amistad, de las relaciones personales, que las damos por hechas.
Ayer me preguntaron: ¿Qué es el apoyo para ti?
Y no supe dar una respuesta inmediata, porque no es algo que nunca me haya planteado definir. Sé sin embargo cuándo me siento apoyada y cuando no. Pero eso no es bastante. Así que, reflexionando sobre esas sensaciones, he extraído algunas pistas:
- Me siento apoyada cuando lo que me sucede es trascendente. Si me apoyas y un suceso o proyecto es importante para mí, también lo es para ti. Si lo que me ocurre es algo bueno, mejora el día de la persona que me apoya. Y viceversa.
– Me siento apoyada cuando el comportamiento de terceros hacia mí no pasa desapercibido, y tampoco mi forma de actuar con ellos. Si surge un conflicto importante para mí, y es de esa clase en que no todo el mundo pueda tener razón, quien me apoya se implica. A veces para darme la razón. A veces para quitármela. Se arriesga, no se encoje de hombros y dice “el fútbol es así”.
Si alguien se ha portado bien conmigo, gana puntos. Si yo me he portado bien con alguien, gano puntos. Y también lo contrario. Porque, volvemos a lo mismo, lo que me ocurre y lo que yo hago no le deja indiferente.
- Me siento apoyada cuando percibo interés en conocerme. También cuando hay interés en que yo conozca. Porque lo que pienso y lo que siento también es importante, por ausencia o por presencia.
- Me siento apoyada cuando se me da la confianza de poder tener una mala racha. De poder tener un mal momento. Hay pocas personas con las que me permita ser vulnerable o mostrar debilidad, y esa es una gran prueba de fe en ellos. Con los años, te das cuenta lógicamente de quién ha guardado eso como una muestra de cercanía y quién lo hace para pasar factura o emplearlo como una bala en la recámara. No importa. Sigue siendo un regalo de mi parte a quienes habéis estado allí. Los pequeños desperfectos producidos por las apuestas fallidas no pueden oscurecer la luz que emiten los aciertos.
Y no solo son más los segundos que los primeros. Es que el que haya pinchazos también tiene repercusiones positivas en mi vida, pues las crisis ayudan a fortalecer lo que debe ser fortalecido, y a pasar de lo demás.
- Me siento apoyada cuando caminas a mi lado el día que resplandezco como el sol, pero también el día que soy oscura como un eclipse. Cuando me quieres y tienes fe en que saldré de esta, y no olvidas quien soy y quién he sido mientras duró el buen tiempo. Y puedo mirarte mientras comemos, o mientras paseamos, y recordar quien soy en tu mirada.
- Me siento apoyada cuando buscas qué puedes hacer para ayudar a que la cuesta arriba sea un poco menos cuesta arriba. No es ni siquiera necesario que sea un gran gesto: una bolsa con dos sandwiches, ofrecerse para hacer unas gestiones en la DGT, eso es más que de sobra. Eso es una forma de decirme “sigue saltando del trapecio, nena, porque trabajas con red”. Y es precisamente cuando sabes que hay red, cuando sabes que podrías caer y habría brazos para recogerte, cuando nunca te caes al saltar.
- Me siento apoyada cuando buscas qué puedo necesitar yo, en lugar de conformarte con darme lo que te sobra a ti.
Las palabras que quizás resumirían esto son trascendencia, importancia, lealtad. Pero no era cosa de resumir, sino de concretar. En mi día a día busco las pequeñas acciones que se esconden tras las grandes palabras.
Cuanto más cerca está una persona, más apoyada quiero sentirme, y viceversa. Si siento que lo que hago tiene relevancia para alguien cercano, se acerca aún más.
Estas son algunas de mis ideas sobre el apoyo. Como lo recibo, procuro darlo a aquellos que me importan. Al menos hasta que entiendo que la clase de apoyo que yo doy no es entendido como tal, y entonces quizás cambie a una forma de actuar menos significativa para mí, pero más significativa para el otro.
Aunque, francamente, cada vez paso más de sucedáneos
[...] [Embrollado] [...]